
Las señales de los tiempos: Un sismo de 7.4 estremece a México y Centroamérica
El crujido de la tierra y la posterior alerta de un mar embravecido encajan con precisión en el cuadro profético que Jesucristo describió a sus discípulos en el monte de los Olivos.
NOTICIAS CRISTIANAS
Ps. Juan Carlos Moros
7/17/20263 min read


Por: Ps. Juan Carlos Moros
CHIAPAS, MÉXICO. La mañana de este viernes 17 de julio, la tierra volvió a manifestar su impresionante poderío. Un potente terremoto de magnitud preliminar 7.4 sacudió las aguas del océano Pacífico, con un epicentro localizado frente al litoral del estado de Chiapas, a unos 71 kilómetros al suroeste de Puerto Madero, sintiéndose con gran intensidad en el sur de México, Guatemala y El Salvador. Aunque el boletín inicial activó las alarmas por una amenaza de tsunami en las costas del Pacífico y provocó la evacuación inmediata de miles de personas, las autoridades descartaron horas más tarde el peligro de inundaciones y afortunadamente no se reportaron víctimas fatales de forma inmediata.
Para el ojo secular y los análisis técnicos de la sismología moderna, este evento responde únicamente al rozamiento de la placa tectónica de Cocos bajo las placas de Norteamérica y el Caribe. Sin embargo, para aquellos que observan el mundo a través del lente de la fe y las Sagradas Escrituras, este estremecimiento va mucho más allá de la ciencia: es un recordatorio contundente de las profecías bíblicas sobre los últimos tiempos.
El inicio de dolores de parto
El crujido de la tierra y la posterior alerta de un mar embravecido encajan con precisión en el cuadro profético que Jesucristo describió a sus discípulos en el monte de los Olivos. Cuando le preguntaron sobre las señales de su venida y del fin del siglo, el Señor fue explícito:
"Porque se levantará nación contra nación, y reino contra reino; y habrá pestes, y hambres, y terremotos en diferentes lugares. Y todo esto será principio de dolores." — Mateo 24:7-8
La analogía de los "dolores de parto" no es casualidad. Quienes hemos seguido de cerca el acontecer mundial notamos que los sismos, las tensiones geopolíticas y las crisis globales no solo están ocurriendo, sino que aumentan en frecuencia e intensidad, tal como las contracciones de una mujer a punto de dar a luz. Lucas 21:25 también profetizó este temor costero que hoy se vivió con la amenaza de tsunami: "Entonces habrá señales en el sol, en la luna y en las estrellas, y en la tierra angustia de las gentes, confundidas a causa del bramido del mar y de las olas".
¿Cómo debemos prepararnos ante el estremecimiento actual?
Este sismo de 7.4 en Chiapas, que milagrosamente no cobró vidas, debe interpretarse como un llamado de alerta misericordioso. La creación misma gime, y Dios nos está hablando a través de la naturaleza. La pregunta no es cuándo ocurrirá el próximo desastre, sino cómo nos encuentra el Señor cuando la tierra tiemble.
La preparación que demanda este tiempo no consiste únicamente en almacenar provisiones físicas, sino en una profunda alineación espiritual:
Vigilar y Orar sin cesar: La Palabra de Dios nos insta a no ser tomados por sorpresa. En Lucas 21:36, Jesús nos advierte: "Velad, pues, en todo tiempo orando que seáis tenidos por dignos de escapar de todas estas cosas que vendrán...". La distracción espiritual es nuestro mayor enemigo en este inicio de dolores.
Cuidar la firmeza de nuestros fundamentos: Un terremoto físico destruye lo edificado sobre arena, pero espiritualmente debemos estar cimentados sobre la Roca que es Cristo. El apóstol Pablo nos recuerda en Hebreos 12:26-27 que Dios conmoverá no solo la tierra, sino también el cielo, para que permanezca únicamente lo que no puede ser sacudido: Su Reino.
Mantener la paz en medio del caos: Aunque los titulares de prensa y las redes sociales propaguen el pánico colectivos, la promesa para la Iglesia es de refugio. El Salmo 46:1-2 es nuestro estandarte ante noticias como las de hoy: "Dios es nuestro amparo y fortaleza, nuestro pronto auxilio en las tribulaciones. Por tanto, no temeremos, aunque la tierra sea removida, y se traspasen los montes al corazón del mar".
Los sucesos en la costa sur de México son una radiografía de un planeta que se desgasta, pero sobre todo, de un reloj profético que avanza indetenible. El inicio de dolores ya comenzó; nos corresponde a nosotros levantar la cabeza, asegurar nuestra salvación y entender que nuestra redención está cada día más cerca.


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