
De la Obediencia a la Multiplicación "El Costo y la Gloria del Discipulado"
En la primera parte de esta reflexión vimos que la Gran Comisión no es un programa opcional ni una actividad más de la iglesia, sino su razón de ser.
REFLEXIONES
Ps. Juan Carlos Moros
4/20/20264 min read


Por: Ps. Juan Carlos Moros
Pastor y Director del Ministerio Vida

Jesús no nos dejó una sugerencia, sino un mandato claro y poderoso: “Id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo” (Mateo 28:19-20).
Ahora es momento de avanzar un paso más. No basta con entender el mandato; es necesario vivirlo con obediencia radical, aceptar su costo y mirar la multiplicación que Dios desea producir a través de una iglesia fiel.El Costo de Responder al LlamadoTodo verdadero discipulado tiene un precio. Jesús nunca ocultó esta realidad. A lo largo de su ministerio advirtió que seguirlo implicaría negarse a sí mismo, tomar la cruz diariamente y, en muchos casos, dejar atrás comodidades, seguridades y hasta relaciones (Lucas 9:23; 14:26-33).
En nuestra generación, donde la iglesia a menudo busca ser “relevante” y cómoda, este llamado suena incómodo. Preferimos programas atractivos, eventos masivos y mensajes que no confronten. Sin embargo, la Gran Comisión exige sacrificio.
“Ir” significa salir de nuestra zona de confort: barrios, ciudades y naciones donde aún no se ha predicado el Evangelio con claridad.
“Bautizar” implica un compromiso público que puede traer rechazo familiar o social.
“Enseñar a guardar todas las cosas” requiere confrontar el pecado, corregir con amor y formar carácter, no solo impartir conocimiento.
El apóstol Pablo entendió esto profundamente cuando escribió: “Porque para mí el vivir es Cristo, y el morir es ganancia” (Filipenses 1:21).
La fidelidad a la Gran Comisión no se mide por el tamaño de nuestra congregación, sino por cuántos discípulos genuinos estamos formando que, a su vez, reproduzcan la vida de Cristo.La Multiplicación: El Sueño de Dios para Su IglesiaDios nunca pensó en una iglesia estática o encerrada en cuatro paredes. Su plan desde el principio ha sido la multiplicación.
Ya en el huerto del Edén ordenó: “Fructificad y multiplicaos” (Génesis 1:28). Ese mismo principio espiritual se repite en la Gran Comisión.Un discípulo que no hace discípulos es como un árbol que produce fruto pero cuyas semillas nunca germinan.
Jesús escogió a doce, invirtió en ellos intensamente y les encomendó que continuaran el proceso. La iglesia de Antioquía entendió esto: mientras ministraban al Señor y ayunaban, el Espíritu Santo dijo: “Apartadme a Bernabé y a Saulo para la obra a la que los he llamado” (Hechos 13:2).
De una iglesia local salió una misión que cambió el curso de la historia.Hoy necesitamos recuperar esa visión multiplicadora:
Cada creyente maduro formando al menos a uno o dos más jóvenes en la fe.
Cada iglesia local enviando obreros a campos blancos para la siega.
Grupos pequeños que no solo se reúnan para estudiar, sino que se conviertan en viveros de nuevos discípulos y futuras iglesias.
La multiplicación no es solo numérica; es espiritual y de carácter. Se trata de ver personas transformadas que reflejen el fruto del Espíritu (Gálatas 5:22-23) y vivan con integridad en medio de una cultura oscura.Desafíos Actuales y la Suficiencia de CristoNo ignoramos los obstáculos.
Vivimos en tiempos de distracción digital, persecución sutil (y en algunos lugares abierta), apatía espiritual y una cultura que rechaza la verdad absoluta. Muchos creyentes se sienten abrumados o insuficientes para esta tarea.Aquí vuelve la hermosa promesa del Señor: “He aquí yo estoy con vosotros todos los días”. No nos envía solos.
El mismo Jesús que tiene toda autoridad en el cielo y en la tierra camina con nosotros a través de su Espíritu Santo. Donde haya obediencia, habrá poder. Donde haya fidelidad, habrá fruto.Recordemos las palabras de Pablo: “Estad firmes y constantes, creciendo en la obra del Señor siempre, sabiendo que vuestro trabajo en el Señor no es en vano” (1 Corintios 15:58).
Ningún esfuerzo hecho por amor a Cristo y en obediencia a su comisión será perdido.Un Llamado Personal y ColectivoQuerida iglesia del Señor, llegó la hora de pasar de la teoría a la práctica.
Si eres pastor o líder: Evalúa si tu congregación está realmente centrada en hacer discípulos o solo en mantener actividades. Ora por una visión fresca de la Gran Comisión y capacita a tu pueblo para cumplirla.
Si eres creyente: Pregúntate hoy: ¿A quién estoy discipulando? ¿Dónde estoy “yendo” con el Evangelio? ¿Estoy dispuesto a pagar el precio?
Si aún no has respondido: Hoy es el día de rendirte completamente a Jesús y unirte a esta gloriosa misión.
La gloria de Dios entre las naciones está en juego. Cada alma que se salva, cada vida transformada, cada nuevo discípulo que se levanta es un paso más hacia el cumplimiento de la profecía: “La tierra será llena del conocimiento de la gloria de Jehová, como las aguas cubren el mar” (Habacuc 2:14).Que el Espíritu Santo nos despierte de cualquier letargo.
Que nos dé valentía para ir, humildad para enseñar y amor compasivo para alcanzar a los perdidos. Hasta que Cristo venga, sigamos adelante con obediencia, sacrificio y gozo. Porque la Gran Comisión no termina hasta que todas las naciones hayan oído y visto la belleza de nuestro Rey.
“Y este evangelio del reino será predicado en todo el mundo, para testimonio a todas las naciones; y entonces vendrá el fin” (Mateo 24:14).


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